13 jul. 2011

La edad del “no”

Cómo sobrevivir a ella

Entre los dos y los cuatro años, los niños viven la llamada “edad del no”, necesaria para su maduración, pero un tanto desesperante para los padres. Aprende a sobrellevarla.
Tu actitud, decisiva
Ni concederle todo lo que pide, ni ignorarle. Tu forma de reaccionar ante sus exigencias y negativas continuas es fundamental. Mantente en una posición ecuánime y tranquila, y sobre todo, coherente. Debes lograr la difícil tarea de conseguir que te obedezca y, al mismo tiempo, facilitar su conquista de la autonomía. Marcar unos límites claros a sus deseos de imponerse le ayudará a formarse un buen concepto de su propia individualidad. Sigue estos consejos:
  • Dale órdenes claras y directas. “No tires el juguete, “ponte las zapatillas”… No utilices las vaguedades –“trata bien el juguete que se rompe”- o las ironías –“las zapatillas están tristes y solas en la habitación”-, ni le des varias órdenes en una misma frase “ponte las zapatillas, lávate las manos y luego tómate el zumo”, porque se aturdirá y no seguirá ninguna.
  • Ni le grites ni discutas con él. Plantéale opciones cuando creas que él puede decidir –“¿jugamos a pintar o a hacer construcciones?”- o bien procura disuadirle y dejarle tiempo para reflexionar cuando te diga que no a algo que sabes que en el fondo le apetece –“si no vamos al parque no podrás montar en el columpio”.
  • Utiliza los tratos. Hazle ver una satisfacción al final de una orden. Así, comprenderá que ceder tiene su recompensa.
  • De la negación a la rabieta. Si después de un “no”, tu hijo no ha logrado imponerse, puede que su frustración termine en rabieta. Mantenerte firme en ese momento es la mejor forma de ayudarle a superarla. Pequeños niveles de frustración son muy recomendables porque consiguen que el niño aprenda a diferenciar entre el deseo y la realidad, algo fundamental para enfrentarse al mundo el día de mañana. Por tanto, no cedas a sus peticiones por muy incómoda que sea la situación que te haga vivir tu hijo con su rabieta. Espera que se le pase y, a continuación, dialoga con él, tratándole con cariño.

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